Ya lo sabemos: en el futuro no hará falta invertir tantas horas de trabajo diarias, ni una presencia de tantos días en el lugar de tareas, para mantener o incluso aumentar el rendimiento y la productividad. Es necesario, imperiosamente, por una cuestión de mera supervivencia, reducir el consumo de combustibles fósiles, de plásticos, de papel, de energía e incluso de agua. Por eso las oficinas empiezan a sobrar, percibiéndose como lugares cada vez menos amigables con las personas y el medio ambiente. 

La digitalización «rápida y furiosa» que vivimos agregó vértigo a los cambios, y la pandemia de Covid 19 vino a poner la guinda en la torta de los cambios radicales, acelerando todo al punto que se llegó a un nivel de adopción del trabajo remoto que se esperaba para cinco años después. 

Muchos cambios para digerirlos tranquilamente. Aparecen turbulencias, inevitables, y todo parece ponerse patas arriba. Por ejemplo, la ética laboral creada y sostenida airosamente desde el siglo pasado (literalmente) hoy se puede considerar perimida. Pensemos que si un 70% de todas las empresas del mundo adoptó, está adoptando o adoptará modalidades de «home office» y deslocalizaciones varias (según datos del Banco Mundial) ya no podemos tener las mismas exigencias con empleados y directivos. 

Sumemos a esto la caducidad del concepto de «jefe», como aquel que pone a otros a cumplir tareas, y su reemplazo por la idea de «líder», como el que dirige un equipo, le señala un objetivo y es el primero en ir a buscarlo, sacando en el camino lo mejor de cada uno. 

La «tormenta perfecta» de los cambios

Así queda configurado un panorama que, además, amenaza con innovaciones como el ya presente «Metaverso» y la «Omnicanalidad» que permite una comunicación con clientes, usuarios y «stakeholders» en general por múltiples vías. Y hay muchas más, siendo imposible enumerarlas a todas.

De modo que la cultura empresarial de ninguna manera puede ser la misma de antes. La consultora internacional Adecco hizo un estudio que indica que a un 77% de los empleados les gustaría combinar el trabajo a distancia con el presencial. Quieren seguir disfrutando de una mayor conciliación de la vida personal y laboral, ganando el tiempo que se destinaba a desplazamientos.

Entonces, el desafío (mayúsculo) será obtener y fortalecer la ética de los trabajadores sobre los que ya casi no podremos ejercer el control de la presencialidad. Son los «trabajadores híbridos», para los cuales hay que diseñar nuevas políticas, más empáticas y apuntadas a su bienestar, sobre todo si hablamos de «talento tech», tan difícil de encontrar y retener.

El desafío es esencialmente de adaptación

Así las cosas, la prestigiosa revista Forbes menciona algunos de los ítems insoslayables para lograr un «match» que alinee la conducta empresaria con la de los empleados en estos nuevos tiempos. Las organizaciones que lo consiguen, presentan estas felices características:

  • Tienen un Propósito de transformación masiva, y se rigen por principios prácticos.
  • Trabajan en la nube, automatizan procesos, recolectan y procesan sus datos, para tomar decisiones basadas en ellos.
  • Tienen óptimas prácticas de ciberseguridad para trabajar de manera remota y también presencialmente.
  • Practican la resiliencia organizacional. Aprendieron a vivir en movimiento y la adaptación a los cambios en su ecosistema no se detiene nunca.
  • No penalizan el error; es un mecanismo de aprendizaje.
  • Saben que el Futuro del Trabajo para su gente es cultivar el mindset del “LifeLong Learning”
  • Utilizan métricas de Analítica de Personas.

Ahora es el momento de que te mires al espejo y te preguntas cuantas de estas características puede ostentar tu empresa.

Author

Roberto Perez

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